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Juan Carlos Escotet Rodríguez

Visión financiera
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Palabras Juan Carlos Escotet en la ceremonia de corte de cinta en Panamá

Sábado, 29 de septiembre de 2007.
La primero que me propongo ofrecer a todos ustedes, no es otra cosa que una palabra cuyo valor no declina nunca: Respeto. Permí­tanme que extienda a cada uno de ustedes, a vuestra historia y cultura, y a todos los sentimientos y significados que constituyen a esta hermosa tierra, la palabra de respeto de un ciudadano venido de otro paí­s, cuyo primer convencimiento es el respeto debido y la consideración sin final por el otro, es decir, por cada uno de ustedes, y por todo aquellos atributos que constituyen la nación panameña.
Nací­, crecí­, me formé y me hice empresario en Venezuela, en un ambiente de oportunidades y dificultades que, como bien lo saben los millones de hombres y mujeres emprendedores que viven y trabajan en toda América Latina, exige el desarrollo de un profundo y renovado sentido de convivencia en la pluralidad.
Vengo un de paí­s que tiene una larga tradición de hospitalidad, que ha sido consistente a todo lo largo del siglo XX. De muchas partes de Europa y América Latina, en distintos momentos de la historia venezolana, han venido emigrantes, por distintas razones y con múltiples esperanzas, a convivir con nosotros. De ser una tierra abierta, siempre con los brazos extendidos hacia los demás, hemos obtenido un aprendizaje que muchos llevamos muy adentro de nosotros mismos: lo mejor de los demás es todo aquello que pueden enseñarnos, esa diversidad de culturas y experiencias de la que tanto podemos enriquecernos todos los dí­as.
Hemos venido a Panamá por muchas razones, pero sin olvidar nunca que, tanto en el plano institucional como en el estrictamente individual, no nos separamos nunca de la premisa de aprender y ser cada vez mejores, porque sólo en el intercambio sin cesar con los demás, es que el ser humano ejerce la facultad de ser perfectible y trascendente, recordable por sus buenas obras.
Se habrán percatado ustedes de que me tomo la licencia de hablar en primera persona del plural. Si puedo hacer uso de semejante atribución, es porque conozco a Banesco, paso a paso, hasta en sus más pequeños detalles, desde que era apenas una idea hasta el dí­a de hoy. Ello me autoriza a decir que en Venezuela hemos sido una organización que, desde el principio, se forjó bajo una sólida cultura corporativa, fundada en firmes valores, y que todo lo que hemos alcanzado no es otra cosa que el resultado de poner en práctica nuestras convicciones.
Banesco fue presentado en Venezuela hace quince años, en 1992. Antes de abrir nuestras puertas ya habí­amos definido el modo en que realizarí­amos nuestro recorrido. Definimos una plataforma de actuación basada en la innovación en varios planos del negocio financiero, en el uso vanguardista y siempre renovado de las nuevas tecnologí­as, y el desarrollo de una polí­tica de trato al cliente que fuesa mucho más allá de las mejores prácticas que entonces existí­an en la banca venezolana.
Nuestro crecimiento fue enérgico desde el primer dí­a. En un paí­s como Venezuela donde hay muchos y grandes bancos, Banesco comenzó a avanzar desde el dí­a uno, favorecido además por un sólido dispositivo fortalecimiento y cuidado de su marca. Casi una década después, les hablo del año 2001, nos fusionamos con dos instituciones financieras muy grandes y relevantes del sistema financiero venezolano: por una parte, con el Banco Unión, que entonces acumulaba una exitosa tradición de XX años, y que fue uno de los grandes emblemas de la historia financiera de nuestro paí­s, y por la otra con la organización Caja Familia, que era lo que allá denominamos una Entidad de Ahorro y Préstamo, y que disponí­a de una fuerte penetración en varias regiones de Venezuela.
Este proceso de fusión con dos organizaciones volvió a probar y a desarrollar nuestra disposición a adaptarnos a las exigencias de realidades distintas a la nuestra, a ejercer la voluntad de aprender y a fortalecernos a partir del intercambio respetuoso con el otro. Durante casi un año y medio formamos parte de una organización que, con el nombre de UNIBANCA, hizo sentir su disposición a ocupar un lugar de significación en la banca venezolana. Durante ese tiempo tan significativo para nosotros, continuamos aprendiendo e innovando, ampliando nuestros horizontes tecnológicos, pero especialmente, hicimos un trabajo a fondo para que el crecimiento no presentara para nosotros perder el terreno conquistado en el ámbito de calidad de servicios.
Así­ llegamos a julio de 2002, momento en que se inicia la etapa cumplida hasta hoy: Banesco fue relanzado con una dimensión y una relevancia semejante a la que tiene hoy en dí­a: un banco que ha desplegado una red de más 450 agencias en toda la geografí­a venezolana, para atender a más de cuatro millones y medio de clientes, con el más satisfactorio nivel de calidad. Muchas cosas podrí­an decirse esta noche con respecto a los éxitos y logros alcanzados. Baste con señalar uno, del que nos sentimos especialmente orgullosos: somos el primer banco emisor de tarjetas VISA en toda América Latina.
Hace algunos minutos hemos cumplido con la ceremonia de cortar la cinta de Banesco Panamá, que para nosotros tiene un significado muy hondo. Nosotros no lo entendemos como una nueva etapa en nuestras opciones de crecimiento, sino como la inauguración de nuevas experiencias y aprendizajes, porque sabemos que Panamá, además de un mercado de excelencia y altamente competitivo en nuestro negocio, tiene una historia cultural invalorable en lo que respecta a servicios y atención al cliente, que en las décadas recientes se ha levantado como una referencia internacional que goza del más alto aprecio, y como un modelo que se sigue con singular atención en la mayorí­a de los paí­ses de América Latina.
El entusiasmo que nos embarga proviene de las inmensas expectativas que tenemos hacia este paí­s que es indiscutiblemente luchador, hacia cada uno de sus ciudadanos, y hacia el potencial de la actividad de nuestro negocio. Es tanto lo que podemos aprender e intercambiar, que no cabe concebir lo que hoy se inicia simbólicamente, sólo como un nuevo trecho de un mismo recorrido, sino mucho más allá, como el surgimiento, la fundación de un nuevo Banesco, otra vez dispuesto a aprender y a intercambiar, otra vez listo para arraigarse con sus valores y mejores raí­ces, en esta tierra amable y promisoria.
No les hablo únicamente en mi nombre: mi voz porta la emoción de las miles de personas que, desde Venezuela, apoyan este iniciativa que hemos tomado. Estamos sinceramente agradecidos por la oportunidad que Panamá, su cultura abierta y entusiasta, su sistema legal y financiero y, muy especialmente, cada uno de ustedes, nos han brindado para demostrar con realidades nuestra disposición a hacer siempre las cosas del mejor modo posible, siempre con la premisa de respeto por los demás, que es uno de nuestros valores medulares.
En un sentido mayor, recién estamos llegando, prestos a reconocer y conocer el terreno. Pero en un sentido más especí­fico, Banesco tiene ya quince años desde que inició su actividad off shore en Panamá, con Banesco International Bank. Desde el pasado 7 de febrero, Banesco Sociedad Anónima tiene vida jurí­dica, y ya ha hemos comenzado a dar sus primeros pasos: nuestro mayor propósito es prestar el más alto servicio a todas aquellas personas, empresas e instituciones que tomen la decisión de conocernos y nos obsequien un primer voto de confianza: a partir de ello será nuestra responsabilidad trabajar duro, como siempre lo hemos hecho, para conquistar vuestros corazones.
Quiero cerrar mi intervención afirmando lo siguiente: cierto es que nosotros hemos venido de otro paí­s, donde mucho se quiere a Panamá y a los panameños, porque son demasiadas las cosas que nos unen. Pero también lo es que nosotros no hemos venido de visita, ni tampoco por un tiempo determinado. Si vuestro paí­s lo permite, aquí­ vamos a establecernos. Tal como lo habí­amos soñado, Banesco se está llenando en Panamá de ciudadanos panameños. Porque eso es lo que queremos: que llegue un dí­a en que nos sientan como uno más entre ustedes.
Termino compartiendo una de las más hermosas palabras, que está presente en las más de seis mil lenguas que cohabitan sobre la tierra, y que en nuestra maravillosa lengua española, se pronuncia así­: gracias. Muchas gracias a todos por habernos acompañado esta noche, y por habernos escuchado explicar quiénes somos y a qué hemos venido.

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